San Salvador, 14 dic (EFE).- El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, se concentró en 2010 en intentar atajar la violencia de las pandillas que sacude al país y en resarcir la deuda moral con las víctimas de la guerra civil (1980-1992).
Funes inauguró 2010 con un acto conmemorativo de los 18 años de la firma de los acuerdos que acabaron con 12 años de una guerra interna en la que, según los organismos humanitarios, 72.000 personas perdieron la vida, 8.000 fueron dadas como desaparecidas y 12.000 quedaron lisiadas.
"En nombre del Estado salvadoreño pido perdón", afirmó Funes el 16 de enero pasado cuando se recordaba la firma, ese mismo día de 1982, de la paz entre la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ahora convertido en el partido en el poder, y el Gobierno del presidente Alfredo Cristiani.
El mandatario repitió ese gesto el 24 de marzo, cuando se cumplían 30 años del asesinato del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, como parte de las medidas de "reparación moral y simbólica" que ha prometido en este caso y en otros de víctimas de la guerra.
Pero al tiempo que intentaba cerrar esas heridas, Funes debió capear con la otra guerra que parece enfrentar esta nación.
El Salvador, con 6,1 millones de habitantes, registra una de las tasas de homicidios más altas de América Latina, que alcanzó este año un promedio de 13 asesinatos por día, lo que obligó al Gobierno a adoptar medidas para contener la violencia.
Funes extendió en mayo el plazo para que el Ejército siga en las calles apoyando a la policía, y aumentó el número de soldados, que patrullan las zonas con mayores índices de violencia y refuerzan la seguridad en las cárceles, desde donde las autoridades consideran que se ordenan asesinatos y extorsiones.
La estrategia pareció hacer aguas el 20 de junio, cuando unos pandilleros incendiaron un autobús con los pasajeros en su interior en la localidad de Mejicanos, hecho en el que murieron 17 personas, y a pocos metros otro ataque a balazos dejó ese mismo día otros tres muertos, unos sucesos que conmovieron al país.
El transporte volvió a convertirse en el dolor de cabeza del Gobierno en septiembre pasado, cuando las temidas pandillas Mara Salvatrucha (MS) y la Mara 18 (M-18) ordenaron una paralización del transporte durante 72 horas, que fue acatada por gran parte de los conductores pese al despliegue policial y militar dispuesto.
Un estudio elaborado por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA) reveló este mes que la delincuencia es la principal preocupación de los salvadoreños, por encima de la economía, y un 56,9% de los 1.200 entrevistados consideró que ese problema va en aumento.
Otro 52% señaló que la situación económica del país empeoró.
"Hay un reclamo de la gente de que algo no funciona, fundamentalmente son los campos de la economía y el campo de la violencia, de la delincuencia", afirmó el rector de la UCA, José María Tojeira, al dar a conocer el estudio de la IUDOP.
Señaló que la investigación determinó que la gente "atribuye el problema económico a la crisis internacional; en cambio, la delincuencia no se ve con claridad por qué no se soluciona".
Pese a la preocupación ciudadana por la inseguridad, la popularidad de Funes se mantiene alta, aunque no en el 88,2% de sus primeros meses de la gestión que inició el 1 de junio de 2009.
En el estudio de IUDOP, los consultados dieron al gobernante 6,69 puntos sobre diez, mientras un sondeo de la empresa Consulta Mitofsky señaló que Funes tiene una aprobación del 79%, cuatro puntos porcentuales más que en agosto pasado.
No obstante, un 63,2% dijo a la IUDOP que el país necesita un cambio, un 26,4% estimó que va por buen camino y un 9,4% afirmó que va bien.
