Síguenos:

Latino América

14/12/2010 06:51 AM

Lula y su popularidad ayudan a elegir a la primera presidenta de Brasil

Lula, cuyo Gobierno generó quince millones de empleos formales y sacó de la miseria a 28 millones de brasileños mientras que otros 30 millones escalaron en la pirámide social de la clase baja a la media, fue el protagonista de la campaña electoral pese a no ser candidato. EFE/Archivo
Lula, cuyo Gobierno generó quince millones de empleos formales y sacó de la miseria a 28 millones de brasileños...

Río de Janeiro, 14 dic (EFE).- El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, arropado por una popularidad récord, logró que su heredera política, Dilma Rousseff, fuera elegida este año la primera presidenta del gigante suramericano.

Rousseff, una economista de 62 años que estuvo presa durante la dictadura por su militancia en movimientos armados clandestinos, concurría por primera vez a un cargo de elección popular y obtuvo el 56% de los votos en la segunda vuelta celebrada el 31 de octubre.

Su triunfo es ante todo una victoria de Lula puesto que el presidente no sólo la impuso en el Partido de los Trabajadores (PT) como candidata presidencial sino que puso todo su carisma y popularidad al servicio de Rousseff para ayudarla a subir en las encuestas.

Lula, cuyo Gobierno generó en ocho años quince millones de empleos formales y sacó de la miseria a 28 millones de brasileños mientras que otros 30 millones escalaron en la pirámide social de la clase baja a la media, según datos oficiales, fue el protagonista de la campaña electoral pese a no ser candidato.

El presidente, que el 1 de enero terminará su segundo mandato, goza de una popularidad récord cercana al 80% y logró convertir ese apoyo en votos para Rousseff, una candidata que era prácticamente desconocida para la mayoría de los votantes.

Gracias a ese sólido respaldo, "la candidata de Lula", como la identificó parte del electorado, se libró de ser salpicada por los escándalos de corrupción destapados en el Gobierno en la recta final de la campaña, como el que obligó a la dimisión de Erenice Guerra, su más cercana colaboradora cuando era ministra de la Presidencia y luego su sucesora en el cargo.

El presidente dijo recientemente que el Brasil que le entregará a Rousseff "tiene la perspectiva de transformarse en los próximos seis años en la quinta mayor economía mundial", y su candidata les prometió a los votantes que continuará con los avances económicos y sociales de Lula.

La presidenta electa dijo, además, que erradicará la miseria y con esa plataforma barrió en las regiones más pobres del país, mientras que en la mayoría de las más prósperas se impuso el opositor José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Rousseff tuvo además como gran aliado al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), primera fuerza en el Senado y segunda en la Cámara de Diputados, que desde el regreso de la democracia, en 1985, ha colaborado con todos los gobiernos.

Esta vez el PMDB fue más allá y puso al diputado Michel Temer como candidato a la vicepresidencia de Rousseff, lo que puede darle en el futuro Gobierno un peso mayor que el que ha tenido en el de Lula.

Cuando Rousseff se convierta en la primera presidenta de Brasil tendrá que mostrar que sabe gobernar sin tener a su padrino a su lado y que su Gobierno no será el "tercer mandato" del actual presidente, como auguran sus críticos.

"El Gobierno de Dilma tiene que tener la cara de Dilma", afirmó Lula el mes pasado al negar que pueda participar en discusiones para la conformación del próximo gabinete, como ha señalado la prensa.

Sin embargo, los primeros ministros anunciados por Rousseff indican que parte de sus colaboradores más cercanos son fichas del mandatario saliente.

En el estratégico Ministerio de Hacienda, Rousseff confirmó a Guido Mantega y para el de Planificación escogió a Miriam Belchior, actual coordinadora del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), el plan millonario de obras de infraestructura del Gobierno.

Otra pieza de Lula es el antecesor de Mantega en Hacienda, Antonio Palocci, que vuelve al Gobierno como ministro de la Presidencia, mientras que Gilberto Carvalho, jefe de gabinete de Lula, será el ministro de la Secretaría de la Presidencia.

Fuentes cercanas al equipo que coordina la transición, han señalado a la prensa que, por petición de Lula, es probable que también continúen en sus cargos el ministro de Defensa, Nelson Jobim, y el presidente de la petrolera estatal Petrobras, José Sergio Gabrielli, entre otros funcionarios.

Lula, entre tanto, se prepara para volver a ser un ciudadano más después de ocho años saboreando las mieles del poder y ha descartado, al menos en principio, la posibilidad de poner su carisma y prestigio al servicio de algún organismo internacional.

Comentarios
QUÉ BUSCA?
Busca Denver